
Eso sí que es dominar una lengua (joopy)
por Tim Ferriss
Chino Básico
Princeton, Nueva Jersey, 1996
”Xiuuuuuu!” La solitaria voz de la alumna rebotaba contra las pareces de nuestra clase en otra fría mañana de sábado y yo estaba seguro de que sus cuerdas vocales estaban a dos repeticiones de partirse por la mitad.
”Tzay lai yi tzyh!” ¡Otra vez! El profesor Link, uno de los más respetados expertos en política y lengua chinas de EEUU, no sentía que se le estuviese respetando. Iba a conseguir que su pronunciación fuese correcta, aunque llevara ocho clases por semana, aunque hiciera llorar a sus alumnos.
La primera clase de Chino Básico parecía ya lejísimos. Se presentaron más de 40 alumnos hiperseguros de sí mismos, con flamantes sobresalientes en español en sus carreras, pero ésta era una fiera completamente distinta de domar. Quedaron menos de 15 alumnos. Pocos estaban dispuestos a aceptar y soportar la faceta más abandonada del aprendizaje de idiomas: el condicionamiento físico.
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Para los alemanes, es la vibrante “rr” del español o la temida “th” del inglés.
Los americanos no pueden soltarse a retorcer la lengua hacia atrás y en bucle como demanda el mandarín o aventurarse por las vocales abiertas del portugués. Luego están los pobres japoneses, que parecen tener problemas con todo. ¿Pero quién puede culparles? Su idioma se quedó corto con sólo 112 fonemas, los sonidos básicos que forman los bloques que componen la pronunciación. ¡En comparación, el chino se estira un poco más hasta los 411 y el inglés presume de sus aproximadamente 80.000!
¿Qué hace a un idioma fácil o difícil? Depende en gran parte de cuántos fonemas de tu lengua materna coincidan con los de tu lengua objetivo. Si hablas inglés, el salto al español suele ser poco más que pegar vocales al final de todo – voilà, ya puedes destrozar una lengua romance de manera inteligible.
Los japoneses prácticamente no tienen problemas con el español, que reproduce muy bien los sonidos que han estado usando desde la infancia. El chino y otros idiomas tonales son tan difíciles como la lengua de signos para los hablantes tanto de inglés como de japonés.
El problema no está en el cerebro o en el oído, sino en la lengua y la garganta.
A mi llegada a China tras dos semestres de Chino Básico, mis colegas de clase de Princeton podían moverse por las calles y comunicarse con los nativos inmediatamente. No eran debates existenciales, claro, pero podíamos preguntar dónde estaba el baño y comprar comida que no contuviese perro ni cara de cerdo.
El 80% de los alumnos asistentes a los cursos de idiomas de otras universidades tenían que volver a la casilla de salida y reaprender (o más bien, reentrenar) su pronunciación.
Sus clases semanales de 45 minutos no fueron suficientes para estimular las adaptaciones necesarias en sus gargantas y sus músculos del habla. En una lengua en donde ma puede significar madre, caballo, marihuana o reñir según el tono, practicar dos veces a la semana es como usar un aparato de gimnasia de la teletienda para entrenarse para el Tour de Francia: no funciona.
Igual que con una nueva tabla de ejercicios, estás acondicionando tus músculos, y tu lengua o cuerdas vocales 1) no cambian sin suficiente estímulo y, 2) no se alargan o engordan de la noche a la mañana (o, en cualquier caso, espero que no). No importa lo listo que seas, no se puede superar intelectualmente. Si te doy un idioma africano basado en clics, puedes trabajar en él durante 10 horas el primer día hasta que tu mandíbula se dé la vuelta y se trague a tu cabeza, que aún no tendrás el equipo necesario para producir los sonidos. Lleva su tiempo.
Pero esto no es malo, de hecho es estupendo. Tener “mal oído” no es una excusa aceptable para dejar un idioma que merece la pena; sigue practicando y dale un poco de tiempo.
Seguramente necesites unas cuantas repeticiones más con el sonido culpable y una pequeña recuperación entre medias. Opta por sesiones cortas pero frecuentes cuando te estanques. 30 minutos seis veces a la semana es diez veces mejor que una hora tres veces por semana.
Hazme caso, cuando claves ese “Xiuuuuuuuuu!” perfecto, te sentirás como si los planetas se hubieran alineado y toda la práctica habrá merecido la pena. Si estás aprendiendo un idioma, no pienses que es un proceso mental abstracto de aprendizaje, ya que al fin y al cabo todo es físicamente dependiente.
Coge las pesas vocales y luego descansa tranquilo.


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